Una revisión razonista, holista y particularista de los dispositivos argumentativos
Desde al menos 2016, Sally Jackson y Jodi Schneider (U. of Illinois) han venido desarrollando y utilizando el concepto de dispositivo argumentativo (argumentative device) como artefacto epistémico que incluye una pluralidad de elementos (institucionales, procedimentales y materiales) que confluyen en dar soporte a cierto tipo de conclusiones de manera ajustada a un determinado patrón o regla de inferencia (según su vocabulario). Este concepto les ha servido para analizar con cierto detalle prácticas argumentativas complejas que se producen en contextos altamente innovadores como la evaluación de medicamentos y terapias mediante ensayos clínicos aleatorizados (RCT) y las revisiones Cochrane que se les aplican. El concepto de dispositivo argumentativo, en su complejidad ontológica y especificidad asociada a prácticas epistémicas concretas, se opone, así, al desarrollo abstracto de esquemas argumentativos simples, basados en relaciones tópicas de larga raigambre filosófica (e.g. argumento basado en signos, argumento de los efectos a las causas) y sus condiciones igualmente genéricas de validación. Los planteamientos de Jackson y Schneider son, en principio, relativamente afines a los presupuestos teóricos, metodología e hipótesis de trabajo del proyecto de investigación “Prácticas argumentativas y pragmática de las razones 2” (PID2022-136423NB-I00); sin embargo las tres nociones o directrices (razonismo, holismo y particularismo) bajo las que el equipo de dicho proyecto pretende explorar su caracterización de las prácticas argumentativas están ausentes en las consideraciones de estas autoras. En esta charla, pretendo defender que, pese a ello, es posible reinterpretar el concepto de dispositivo argumentativo como una noción y herramienta razonista, holista y particularista, teniendo en cuenta, entre otras cosas, las motivaciones expresas de sus proponentes que solo es necesario llevar hasta sus consecuencias más transformadoras.
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Paula Olmos Gómez profesora de Filosofía, UAM